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Cap Adriano

Cap Adriano

 

  • UBICACIÓN: Port Adriano, Mallorca, España
  • PROGRAMA: 9 Villas y un Bloque de Apartamentos
  • TAMAÑO: Bloque de Apartamentos 3.900 m2, Villas Privadas 6.150 m2 
  • ARQUITECTURA: Guillermo Reynés, Álvaro Pérez, Elena Gil, Alicia Camino, Xim Barceló, Marta Wieczorkiewicz, Mayca Sánchez, Jesús González
  • DISEÑO INTERIOR: Sibel Huhn (www.sibel-huhn.de), Terraza Balear (www.terrazabalear.com)
  • FOTÓGRAFO: José Hevia

 

 

Una parcela privilegiada en primera línea en la costa de Calviá, Mallorca. Un enclave privilegiado, una península con 3 fachadas de mar y con una ligera pendiente hacia el agua. La última parcela disponible.

El programa del cliente obliga a ocupar prácticamente la totalidad de la parcela al implantar 11.000 m2 de edificación en una parcela de 23.000 m2

¿Cómo urbanizar la parcela con el mínimo impacto e intentando mantener sus valores naturales y paisajísticos?

El proyecto se diseña maximizando el potencial comercial-edificatorio del proyecto, buscando un equilibrio con los valores paisajísticos del solar. Las estrategias para cumplir este objetivo son diversas. Tan importante son las edificaciones como lo son el jardín y la naturaleza que se recupera.

El proyecto contempla un mix de tipologías: viviendas unifamiliares y apartamentos en un conjunto residencial único.

El edificio de 10 apartamentos se sitúa en la parte alta del solar, en segunda línea, pero con la suficiente cota para “mirar” por encima de las 9 viviendas unifamiliares, que se desarrollan a lo largo de la costa, en primera línea y con acceso privado al mar.

Las cubiertas verdes de las viviendas permiten una continuidad visual, ampliando los jardines y creando una imagen natural entre el edificio y el mar. El edificio se quiebra, como si fuera una proa volcándose hacia el mar y las vistas, creando grandes terrazas voladas de formas sinuosas como si fueran olas de mar. Estas grandes terrazas amplían el espacio interior de las viviendas hacia el exterior.

La planta baja del bloque de apartamentos se diseña como si fuera un gran zócalo de piedra natural, un gran marge en el jardín, uno más siguiendo la tradición mallorquina de construcción en terrenos en pendiente. Gracias a la estrategia de cambiar el material en planta baja, buscando una continuidad entre los bancales del jardín y el edificio, la escala del bloque se reduce visualmente. Las formas curvas de las terrazas y la fachada en blanco mate de las siguientes 3 plantas, permiten una sensación de ligereza y fluidez a la edificación.

Las viviendas unifamiliares re-interpretan la Casa Mediterránea Mallorquina, tanto geométricamente como en su materialidad. La morfología de las casas se concibe para maximizar la relación interior-exterior, incorporando grandes terrazas y zonas de sombra con umbráculos, así como un gran patio central que hace a la vez de corazón de la casa y que articula la misma, la amplía, creando un espacio exterior diferenciado y recogido, que sirve tanto para refugiarse del viento en invierno, como para proporcionar ventilación natural cruzada en verano.

Las viviendas son de gran tamaño y también se busca minimizar la escala, al igual que en el edificio. Es por ello que se fragmentan en diferentes volúmenes cúbicos para así reducir la percepción del tamaño en su conjunto. Cada pieza es de un material diferente, siempre dentro de la tradición mediterránea-mallorquina: piedra seca, que se lleva hacia el interior de las viviendas, piedra de Santanyí y fachadas blancas.  Una colección de arquitecturas mallorquinas en una misma casa. Todas las casas se han proyectado de forma independiente, en función de cómo se agrupan los cubos y cómo se combinan los distintos materiales de los mismos.  

Las cubiertas verdes de las casas son un ingrediente fundamental del proyecto, no sólo para el diseño de las propias casas sino para todo el conjunto. Al fundir la presencia de las casas desde el edificio y como rescate de la huella verde esencial de la parcela. Las cubiertas se plantan con vegetación autóctona de la zona mediterránea, sobre todo romero y lavanda, creando unos jardines colgantes que bajan por las fachadas pétreas de las casas y conectan con el jardín; de nuevo se realiza una sucesión de marges, pero esta vez hacia el mar, al igual que en las distintivas costas mallorquinas.


 

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